En el jardín de las hesperides

 

Originarios de China y las laderas del Himalaya, los cítricos se conocieron en Grecia tras las campañas de Alejandro. Cidros (Citrus medica) y limoneros (C. limon) eran los frutos dorados del huerto de Hera, crecían en un legendario jardín situado en los confines de Occidente, bajo el cuidado de las Hespérides, ninfas del Ocaso.

A través de la ruta de la seda llegó más tarde el naranjo amargo (C. aurantium amara), que árabes y bereberes diseminaron por todos los rincones del Mediterráneo desde Damasco y Alejandría a Palermo y Valencia.

Colón los planta en Haití en 1493. Y Catalina de Foix envía cinco ejemplares de su castillo en Olite a Luis XII de Francia como regalo de bodas por su matrimonio con Ana de Bretaña.

Unos años más tarde todos los grandes jardines del norte de Europa tienen su orangerie donde los naranjos se resguardan del frío “de Santa Catalina (de Alejandría, el 25 de noviembre) a Santa Catalina (de Siena, el 29 de abril). En tiempos de Luis XIV la orangerie de Versalles albergaba 2.600 ejemplares.

A mediados del siglo XVII aparece la bergamota (C. bergamia), fruto de un cruce espontáneo entre limón y naranjo amargo. Y con el tiempo, el intercambio comercial y la hibridación fueron abriendo el camino a nuevas especies: limas, pomelos rosa, clementinas, calamondín…

La piel de los cítricos contiene una alta concentración de aceites esenciales, con un raudal de acordes frescos, afrutados y volátiles que constituyen un verdadero tesoro para la perfumería.

Los aceites esenciales que se obtienen de su piel mediante presión en frío, y mantienen su carácter específico: picante el de mandarina; ácido, el de pomelo; agridulce, el de naranja; suave y delicado, el de bergamota; refrescante, el de lima; enérgico y estimulante, el de limón.

En perfumeria constituyen la más amplia y alegre estirpe olfativa, la rutilante familia de las hespérides. A ella pertenecen todas las aguas de Colonia, descendientes de la de Giovanni Paolo Feminis, y del Eau Extra-Vieille de Roger et Gallet –dos composiciones memorables por sus propiedades tonificantes–, y un sin fin de nombres igualmente legendarios como Eau de Cologne Impériale de Guerlain; Eau de Rochas; L’Eau des hesperides de Diptyque; y una gran mayoría de los perfumes de Hermès, con su Eau d’Hermès a la cabeza.

Debido al carácter ligero y acidulado de sus notas son aromas perfectos para el veranoy los viajes, y sello distintivo de algunos perfumistas como Alberto Morillas, entre sus éxitos: Mugler Cologne y Little Bianca para Mizensir.

Si tenéis la oportunidad, no dejéis de probar Neroli Amara de Van Cleef & Arpels, en su Collection Extraordinaire.

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