Corazón de enebro

Hay un perfume con nombre de cóctel y corazón de enebro que tras haber marcado toda una época, vuelve a estar de actualidad. Se llama Gin Fizz y es todo lo chispeante y aromático que su nombre invita a imaginar. La casa Lubin se lo dedicó a Grace Kelly cuando acababa de ganar un óscar y representaba como nadie el glamour de la vida americana de los años cincuenta.

Para los amantes de la ginebra Gin Fizz es un aroma irresistible. Bayas de enebro envueltas en limón de Sicilia, absoluto de rosa, jazmín de Turquía, iris de Florencia, almizcle blanco, musgo de roble, gálbano, y benjuí.  Su autor, el perfumista Henri Giboulet, ha logrado un perfume elegante y equilibrado que rebosa vitalidad y optimismo. Un canto a la joie de vivre.

El enebro es también el alma de Juniper Sling, que la casa inglesa Penhaligon’s sacó este otoño. Un aroma más figurativo –más botánico, diría un catador de ginebra– muy en consonancia con el estilo inequívocamente british de la marca y el carácter espirituoso de una fragancia que se inspira en el London Dry Gin.

La fórmula es del perfumista Olivier Cresp, que en este caso mezcla las bayas de enebro con algunos ingredientes clásicos, como cardamomo, raíz de lirio y vetiver, y otros bastante menos convencionales como licor de naranja o azúcar negro, en un cálido homenaje a los juveniles y bulliciosos años veinte.

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