Balenciaga

El nuevo Museo Cristóbal Balenciaga de Guetaria, inaugurado en junio, es un estupendo pretexto para rendir homenaje a sus perfumes, como lo hace Balenciaga Paris, el aroma que une el nombre del modisto con el de la ciudad donde triunfó.

“Balenciaga es hoy un hombre de cincuenta y siete años que parece más joven. –Escribía su amigo, el fotógrafo Cecil Beaton, en 1952–. Sus ojos cansados conservan todo su brillo, y sólo cuando se pone sus gafas de concha se da uno cuenta de que es miope”.

Balenciaga. Ni la mejor agencia de comunicación habría encontrado nombre más adecuado para un modisto destinado a hacer historia. Hay algo acuático y musical en la palabra que parece mecerse sobre el mar con la nobleza arcaica y la suavidad de una lancha de madera en cualquier puerto del norte. En Guetaria, y mirando al mar, se encuentra el palacio Aldamar, sede de la Fundación Cristóbal Balenciaga y del museo que el pasado siete de junio inauguró Su Majestad la Reina.

Pero ahora nos acercarnos a la obra de Cristóbal Balenciaga (Guetaria 1895-Jávea 1972) para recordar sus perfumes. Le Dix, una cifra ya emblemática en la historia de la perfumería, fue el primero. Le Dix, el número de la avenida Georges V donde sigue estando la que fue su prestigiosa tienda parisina. Lanzado en 1947, es un aroma de postguerra, un chipre floral, donde los ingredientes más nobles: rosa de Bulgaria, jazmín de Grasse, iris y violeta, desprenden un delicado halo de recuperada dulzura. Su autor Francis Fabron, crearía luego L’Air du Temps para Nina Ricci, y L’Interdit para Givenchy.

En 1949 apareció La Fuite des Heures, de la singularísima Germaine Cellier. Un perfume cálido, pero también floral, que mezclaba hierbas y jazmín. Según dijo la prensa de la época: “Un encantador perfume para rubias, mientras que Le Dix, destinado a las morenas, es más intenso y picante”. Luego vino Quadrille (1955) con sus notas afrutadas. Aunque lamentablemente estos perfumes están descatalogados, todavía es posible encontrar algún frasco a través de internet.

Al alcance de la mano, sin embargo, tenemos el último, Balenciaga Paris, con el que Nicolas Ghesquières, actual estilista de la casa Balenciaga, y Olivier Polge de IFF, han querido rendir homenaje a la herencia olfativa de la marca. Como el propio Ghesquières explicó en su día, se trata de una reinterpretación de Le Dix y de sus inolvidables notas de violeta. Un aroma “más urbano y ligeramente metálico”, elaborado a partir del mismo acorde básico: bergamota, musgo de roble y lábdano.

Transcurrido más de un año, todos nos hemos tenido la oportunidad de admirar su campaña publicitaria con la atractiva imagen en blanco y negro de Charlotte Gainsbourg, quintaesencia del chic bohemio parisino, sentada en un patio ajardinado sobre un suelo en damero como el de la boutique Balenciaga de París.

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