El alma perfumada del 34

Diptyque cumple 50 años y para celebrarlo ha creado un nuevo perfume. Toda una línea, que captura el repertorio de aromas que vagabundean por su tienda para sintetizar el carácter de la casa. Y es que el estilo no es fruto del azar, sino el espíritu de un local mítico: el 34 del bulevar Saint-Germain.

Intemporal, atípico, innovador, así define Myriam Babault, directora de marketing, este nuevo aroma. Ella misma eligió el tema: “Una mañana al entrar en la boutique experimenté un auténtico shock olfativo. De golpe todo adquiría sentido, cada objeto, cada olor me recordaba un episodio de la vida de Diptyque, una anécdota que quería compartir con los amantes de la marca. Deseaba atrapar la esencia del lugar y convertirla en la rúbrica de un perfume. Una idea que podía parecer utópica, un sueño descabellado, porque en aquel momento no tenía la menor idea de cómo podríamos llevarla a cabo…”. 

La aventura fue posible gracias a la colaboración de dos profesionales de Givaudan. Uno es un avezado ladrón de olores, el doctor Roman Kaiser, especializado en sintetizar aromas capturados en la naturaleza mediante la técnica headspace (otro día hablaremos de ella):  “Una tecnología que ya conocían los egipcios –explica– aunque ellos utilizaban manteca y sebo”. El otro, un perfumista de primera fila, Olivier Peschaux, autor de los últimos perfumes de la casa. “Lo habitual es construir una historia a partir de las materias primas, nosotros hicimos el recorrido a la inversa, concentrar en un frasco la atmósfera olfativa de la boutique. El resultado ha sido un aroma, original y seductor”.

Entre sus cuarenta ingredientes se reconocen olores clásicos de Diptyque. En las notas de salida, el aroma chispeante y luminoso de la grosella de Ombre dans l’ Eau, y el de las hojas verdes de Philosykos, sostenidos ambos por un frescor de hespérides hasta que se despliegan las especias: clavo, canela, cardamomo.

En las notas de corazón aparecen las flores: rosa, geranio de Egipto, una de las favoritas de Diptyque, el nardo de Don Son, y un toque de iris y de violeta para que la nota conserve su olor tierno y festivo.

El fondo pertenece a maderas, bálsamos y resinas que le confieren estilo y suavidad.

La composición tiene dos versiones, perfume personal y aroma para la casa: “Ambas parten de los mismos acordes pero el de la casa tiene un registro fresco, verde y especiado –precisa Olivier Pescheux–. Es más agreste, como corresponde a un aroma de interior”.

La historia de Diptyque comienza en 1961 cuando tres amigos, Christiane Gautrot, arquitecta de interiores, Yves Coueslant, decorador teatral, y el pintor Desmond Knox-Leet, se instalan en el 34 del bulevar Saint-Germain para vender sus propios diseños: telas y papeles pintados, junto a todo tipo de cachivaches curiosos que traen de sus viajes.

Dos años después, crean una vela perfumada: Aubépine, un objeto de lujo, fabricado a mano, que huele a espino blanco. La célebre etiqueta ovalada de Desmond Knox-Leet, que lleva grabada sobre el cristal, se ilumina como una litografía.

En 1968, su primer perfume recupera la fórmula de un pomander del siglo XVI. Le siguen nuevos aromas, jabones y un refinado vinagre de toilette.

Los productos Diptyque son un homenaje a la naturaleza y a esas esencias nobles y raras que unen la cuenca mediterránea con las puertas de Oriente. Se venden en cuarenta países, España entre ellos.

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